El fútbol se piensa, ... y se siente.

"A la larga he terminado por asumir mi identidad: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol"
Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra

jueves, 30 de diciembre de 2010

BALANCE DE LA LIGA. 2010.

Con el año 2010 a punto de pasar a mejor vida, rebasado ya el primer tercio de Liga y con 16 jornadas consumidas, puede ser éste un buen momento para hacer balance de lo que nos ha deparado la competición hasta ahora, con sus alegrías, sorpresas y decepciones, aunque, sobre todo, parece imponerse la lógica en la mayoría de los casos. Vayamos por partes:

1. Una desagradable constatación: el maravilloso y triunfante juego de la selección española sólo tiene su equivalente en la Liga en el Barça y, en menor medida, el Villarreal. Los demás han optado por otros patrones de juego y por un desarrollo del mismo más vulgar y simplista, incluido un Real Madrid al que le sigue valiendo con su enorme pegada arriba y su velocidad vertiginosa en el contraataque, aunque parece haber dado un paso más con Mourinho en cuanto a solidez defensiva y cierto armazón del juego. El resto simplemente sobrevive y hay muy pocas propuestas futbolísticas verdaderamente atractivas. Si soñábamos con que el éxito español en el Mundial pudiera servir para ver mejor fútbol, aunque sólo fuera en la Liga española, creo sinceramente que la decepción está a la altura del éxito de los de Del Bosque en Suráfrica.

2. Otra constación esperada: en este caso me refiero a lo de la Liga de dos. Cuando quedan todavía 22 jornadas por disputarse el líder (Barça) le saca ya 10 puntos al tercero (Villarreal) y 15 al cuarto (Valencia). Sólo le sigue de cerca el Real Madrid (a dos puntos). Era lo esperado, aunque no creo que lo deseado. Pero la lógica de estas dos superpotencias futbolísticas se impone por encima de cualquier aspiración legítima a una competición más igualada y, si ya el año pasado, su dominio fue aplastante, en esta temporada en que, además, ambos se han reforzado, en algún caso a costa de sus rivales, pues tenemos más de lo mismo pero aumentado a la enésima potencia. De aquí al final el interés por el título se va a limitar a que se pudiera producir algún tropiezo de uno de los dos grandes y a la impaciente espera de la vuelta del clásico, allá por abril.

3. La clase media de la Liga: está donde debería (salvo el Sevilla, muy desafortunado hasta ahora con las lesiones y habiendo gastado ya la bala del cambio de entrenador) y tampoco se ha colado de forma significativa ningún equipo sorpresa, salvo quizás el Espanyol, muy sólido en Cornellá. Bien el Villarreal, aceptable aunque irregular el Valencia, a trompicones el Atlético y destacables los acercamientos a los puestos europeos de Athletic y Getafe. Más o menos, lo esperado.

4. Los que van a sufrir: del noveno puesto (Real Sociedad, 22 puntos) hacia abajo se sitúan los once equipos que pelearán por la salvación. Saco de este grupo a un Sevilla que, en cuanto recupere lesionados clave en su juego (Navas) y se adapte a los métodos de ese gran entrenador que es Manzano, seguro que se situará en posiciones europeas porque tiene plantilla para ello. Entre la citada Real y el colista hay ahora mismo 12 puntos de distancia que, para todo lo que queda de Liga, no es tanta distancia. Algunos sufrirán menos y conseguirán la salvación antes y sin excesivos apuros (la propia Real, el Mallorca, el Deportivo o el reforzadísimo en invierno Málaga pueden ser alguno de éstos) y otros tendrán que trabajar mucho y hasta el final para conseguir su "título" particular, la salvación. En este último caso estarán, casi seguro,  Hércules (ojo a los problemas internos en forma de retraso en los pagos a los jugadores que parece haber en las últimas fechas), Osasuna (puede salir tocado del mercado de invierno si pierde a alguno de sus jugadores más desequilibrantes), Rácing (débil atrás, con poca capacidad de creación en medio campo pero con bastante capacidad de desequilibrio de mitad hacia delante), Levante (muy trabajado tácticamente pero algo escaso de calidad individual que, al final, se suele echar en falta), Almería (lo contrario, calidad individual pero irregular tácticamente y flojo en defensa), Sporting (una mala primera vuelta para lo que nos tenía acostumbrados y como la segunda sea como la de otros años, pues ...) y Zaragoza (¿se repetirá por segunda vez el milagro de fichar siete jugadores nuevos en invierno que revitalicen el equipo?).

5. MI PRONÓSTICO. Me voy a mojar (total, nadie me va a pedir cuentas por ello) y voy a adelantar el balance final de la Liga.
  • Campeón: el Barça (me parece que al Madrid le tira más la Champions, en marzo-abril lo veremos).
  • Champions: junto a los ineludibles Barça y Madrid, entrarán el Valencia y el Villarreal, y por este orden.
  • Europa League: At. Madrid y Sevilla, pero también le doy opciones al Espanyol si el Sevilla tarda en reaccionar.
  • Descenso: aunque es bastante más arriesgado que en las anteriores posiciones, me decanto por Levante, Almería y Sporting, aunque el Zaragoza también apunta malas maneras.

EL CONFLICTO AFE - LFP

Vaya por delante que escribo estas líneas cuando ya se ha hecho pública la resolución de la Audiencia Nacional sobre la demanda de suspensión cautelar de la jornada liguera del domingo 2 de enero que solicitaba la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). En dicha resolución se comunica que dicho organismo no es competente para dictaminar esa suspensión cautelar al tratarse de una cuestión administrativa, por lo que el órgano competente serían los juzgados de lo contencioso-administrativo al deber ir dirigida la reclamación contra la Federación Española de Fútbol y no contra la Liga de Fútbol Profesional. No obstante, en la resolución también se aclara que, caso de jugarse la jornada en esa fecha del 2 de enero, la LFP estaría incumpliendo el convenio firmado con la AFE.
Más allá de las disquisiciones técnico-jurídicas, lo que ha puesto de manifiesto este conflicto es el penoso estado general del fútbol español, tapado en la mayor parte de las ocasiones por los dos gigantes, Barça y Real Madrid, y sólo últimamente también por la brillante trayectoria y juego de la selección española. Fuera de ellos la realidad es otra bien distinta: clubes con deudas astronómicas (casi todas cifradas en millones de euros, o sea, miles de millones de pesetas, para hacernos una idea), leyes concursales por doquier como casi en ningún otro sector económico, deudas a los jugadores (muy visibles en las categorías inferiores, pero que también existen en la élite),... .
Me ha llamado bastante la atención las reacciones de algunos dirigentes (Ángel Torres, el presidente del Getafe, ha sido el más locuaz) que han cargado las tintas sobre el egoísmo de los jugadores de primera división, al tiempo que les reclamaba solidaridad con sus colegas de las divisiones inferiores que tienen esos problemas económicos. Lo sorprendente es que ninguno de esos dirigentes haya hecho iguales reproches a los verdaderos culpables de esta situación, sus colegas de esos clubes que no pagan los contratos que ellos mismos habían firmado. Yendo, incluso, más allá esos dirigentes incapaces y malos pagadores van en contra del colectivo de directivos que, como argumenta Ángel Torres, sí que pagan, lo que les lleva a competir en condiciones de inferioridad con los anteriores.
Sobre la fecha del 2 de enero y su período vacacional, creo que la Audiencia Nacional lo ha dejado muy claro. Los convenios ligan a empresarios (LFP) y trabajadores por cuenta ajena (AFE). Si a alguno de ellos no les parecen adecuados los términos recogidos en el mismo, siempre tiene la posibilidad de denunciarlos y llevarlos ante la Magistratura de Trabajo. Mientras tanto, la obligación de todos es cumplir las diferentes cláusulas del mismo, incluidas, por supuesto, las que estipulan las fechas vacacionales. ¿O es que a quien tiene de vacaciones una quincena en agosto le apetece sinceramente y no protestaría si le llamaran a trabajar uno de esos días?

martes, 21 de diciembre de 2010

Que el Madrid se defienda de Mou


JOSÉ SÁMANO. ELPAIS.com - Deportes - 20-12-2010

Hay ególatras infinitos. Uno de ellos es José Mourinho, que, de tanto puntuarse ante el espejo, ha llegado a creerse por encima de la institución que le emplea. Por muy especial que se considere, nada justifica que tenga derecho a pedir en público el amparo presidencial para su histeria. Con ello pone en entredicho no solo una supuesta debilidad de un superior, Jorge Valdano, sino la de un club cuya dimensión está fuera de la órbita hasta de quienes se sienten elegidos por los dioses. Por su vocación absolutista, este portugués se ve legitimado para que el heráldico Real Madrid actúe al antojo de sus caprichos mientras él lo mismo interpreta al mesías que se concede un papel victimista. Poco le importa, al parecer, la imagen del club.

Durante más de 100 años, el Madrid se ha defendido a sí mismo como pocos y lo ha hecho a partir de sus éxitos universales y la defensa de un estilo y unos valores, más o menos acentuados según la época, pero que para la mayor parte de su hinchada siguen en vigor. Por ahora, que se sepa, Mourinho en nada ha contribuido a forjar la maravillosa leyenda de este club. Por el contrario, la institución, apremiada por las urgencias, se ha entregado a él de forma desproporcionada: es el entrenador mejor pagado del mundo, transita por Madrid con toda una corte de auxiliares que se han visto involucrados en más de un episodio de matonismo, su representante también ha hecho caja con otros jugadores, le han permitido que manosee todas las estructuras del club y hasta la decoración de algún despacho. Tanta cobertura le ha dado el club que se atrevió a flirtear con Portugal tras un ataque de repentino patriotismo. La realidad es que, hasta la fecha, con Mourinho el Madrid solo ha logrado multiplicar sus enemigos, distorsionar su marca caballerosa, mostrar una debilidad extrema ante el Barça (5-0) y, para sonrojo institucional, ver a su septuagenario delegado de campo por los suelos por un ataque de furia de uno de sus ayudantes.

En su teatrillo posterior al duelo con el Sevilla, Mourinho no solo pasó por alto el incidente de Silvino Louro con el histórico Agustín Herrerín. En su esperpento mediático, Mou olvidó que, tras su fichaje, fue precisamente Valdano el primero en tender una mano a la mutua reconciliación y mandar al limbo sus críticas precedentes al estilo futbolístico de los equipos del luso. También fue su director general quien salió al quite durante el incendio con Preciado. En definitiva, Mourinho, cuyo divismo quedó muy tocado tras el varapalo del Camp Nou, ha querido saltarse la cadena de mando y buscar el hombro del presidente para fabular una supuesta conspiración arbitral que le sirva de tapadera a otros males. Pura y nada ingeniosa demagogia para enmascarar un 5-0 y las bienaventuranzas de su máximo adversario. Su ridícula intervención tras el partido con el Sevilla revela a un técnico simplista cuya única argumentación para la presunta trama es un papel que le ha dado no se sabe quién al término de un encuentro mal dirigido por Clos Gómez. Por cierto, el mismo árbitro que tuvo un conflicto con Pep Guardiola cuando este le llamó mentiroso, secuencia que Mou, tan estudiado cuando le interesa, obvió ante los medios. Eso sí, Howard Webb, ese policía inglés que dio cuartelillo a la violencia holandesa en Sudáfrica y en esta Liga de Campeones avaló un gol de Inzaghi en fuera de juego al Madrid, le parece un gran árbitro.

Así es la irrealidad de Mou, hizo alusión a las tarjetas que recibieron en el encuentro previo, en Zaragoza, tanto Xabi Alonso como Marcelo. La misma noche, el medio donostiarra se lamentó públicamente por la sanción: "Llegué tarde a la jugada". En el caso de Marcelo, que recorrió 50 metros de La Romareda para protestar airadamente una jugada, hasta sus compañeros, con Carvalho a la cabeza, le tuvieron que parar. El portugués se escuda en que él es el gran protector de sus jugadores, pero como conduce las conferencias de prensa a la carta no contesta si cuando alude a su figura como que se parapeta en su papel de defensor de la plantilla para pedir una defensa superior. ¿No necesitaron esa defensa Canales, Pedro León, Alonso, Benzema y otros a los que puso en la diana pública? Pese a lo que diga Butragueño, en el Madrid no hay seres superiores, sino un presidente legitimado por los socios entre otras cosas para preservar la imagen de la sociedad. Pero ni él está por encima de la institución. Ni mucho menos Mourinho, que ya debería saber, por ejemplo, quién fue Miguel Muñoz, qué es y qué significa el Madrid. Él, por ahora, no es más que un transeúnte y no el verdadero ser superior que se cree y le hacen creer. Es el Madrid el que debería defenderse de Mou.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Mourinho, el Infalible  (por Roberto Palomar)


Lunes, 20 diciembre 2010, 15:05

El sainete de Mourinho y su lista de 13 errores arbitrales son una invitación a demostrar que él tampoco tiene el don de la infalibilidad. Aunque, probablemente, Mourinho no lo sepa. En medio de algunos aciertos, ahí van 13 errores. Y puede que nos quedemos cortos:

1. Salir con una lista de 13 errores. Impropio de un entrenador del Real Madrid, totalmente alejado de la cultura del club. ¿Qué hará el día que los árbitros se equivoquen a favor? ¿Una lista con aciertos? Una imagen patética.
2. Su inutilidad en el Camp Nou. Le ficharon para partidos como ése. Su falta de respuesta fue alarmante. Era su gran reto. “Ahí tiene usted al Barça. ¿Qué sabe hacer?” Y no hizo nada.
3. Plantilla mal confeccionada. Ayer, de lateral izquierdo jugó un lateral derecho y Xabi Alonso no tiene a nadie ni medio parecido para las emergencias. ¿Dónde está el equilibrio?
4. El festival del humor en Amsterdam. Mourinho dio un recital el día de las autoexpulsiones. No se puede hacer peor. O tal vez sí, pero aún no ha nacido el autor.
5. Árbitros a la mierda. En un Real Madrid-Murcia, partido de vuelta de la Copa, sin complicaciones aparentes, mandó a la mierda al colegiado. En la final de la Champions, ¿qué hará?
6. Desprecio a Valdano. El propio Valdano tuvo que tragarse algún sapo y ponerse a su disposición cuando llegó el nuevo técnico. La respuesta de Mou es un desprecio absoluto y un pulso con Florentino de juez árbitro. Y todo, televisado en directo.
7. A todas horas, el Inter. Mourinho habla y no para del Inter. ¿Cuándo se va a enterar de que al aficionado madridista le da igual lo que hizo en el Inter? Le da lo mismo el triplete, si nunca le metieron cinco goles o si va a ver la final del Mundialito con la camiseta interista. El saludo en San Siro con los tres dedos arriba sobró. No es problema del madridismo. Esto no es una sucursal del Inter.
8. Entrenar a Portugal. Su pretensión de ser seleccionador portugués sonó a coña primero y a tomadura de pelo después. Es increíble que ahora pida que se comprometa hasta la señora de la limpieza en su cruzada con los árbitros.
9. Su petición del 9. Cansino, repetitivo y poco convincente. Tiene en su equipo al Pichichi y el reto de hacer jugar a Benzema. ¿Y la cantera? Bien, gracias, pero no la usa.
10. Odiado en el gremio. Sus cuitas con Preciado y su desprecio a Manzano le han granjeado las antipatías del colectivo. Que no espere ayudas ni solidaridad de nadie. Mourinho se ha quedado solo.
11. ¿Ayudantes o guardaespaldas? Los ayudantes de Mourinho, salvo el templadísimo Karanka, han demostrado estar al día en materia de macarrismo. El empujón de Silvino a Herrerín y la bronca en el parking de El Molinón son sus grandes logros.
12. El patinazo en el Príncipe de Asturias. Florentino tuvo que bajar al barro para enmendar un error y un desprecio a un premio importante para el fútbol español. Al final, Casillas fue. Vaya si fue.
13. El 5-0 del Camp Nou. Sí, ya está apuntado en más arriba. Pero es un error tan escandaloso que vale doble.
La revuelta de un consentido  (por Santiago Segurola)


Lunes, 20 diciembre 2010, 15:29

Era cuestión de tiempo –de muy poco tiempo- que Mourinho se revolviera contra su club. Hubo un anticipo en su delirante intento de compaginar su trabajo en el Madrid con el de seleccionador de Portugal, capricho que vendió como un acto de servicio a la patria. Lo justificó por la exigencia de su hiperactiva naturaleza, que le impide estar mano sobre mano cuando se detiene el calendario de la Liga española.
Aquel chusco episodio se produjo después de una laboriosa victoria del Madrid en San Sebastián, con dos conferencias de prensa –una en Anoeta y otra en el aeropuerto de Vitoria- que manifestaron su irresistible voluntad de utilizar al periodismo como vehículo de sus obsesiones. No sólo le gusta, sino que recibe el mayor retorno que un gigantesco ego pueda concebir: la consideración de rebelde, dueño de una suprema inteligencia, siempre dispuesto a marcar la agenda del Madrid, de sus rivales, del fútbol y del periodismo. En la mayoría de los casos, se trata de las fatigosas travesuras de un consentido y no del minucioso plan de un genio.

Mourinho es un privilegiado del fútbol, no el rebelde que pretende aparentar. Se trata del entrenador mejor pagado de la historia al frente de un equipo trufado de estrellas, con dos Balones de Oro, cuatro campeones del mundo y varios jugadores que él solicitó. Aunque pretenda aparecer como un mártir, Mourinho es el técnico del club con el mayor presupuesto del fútbol mundial y con el mejor palmarés de la historia. Por mucho que se empeñe, no ha llegado a una institución paria, ni él es un romántico incurable.

Si algo representa Mourinho, es el poder en estado puro, un jerarca con vocación absolutista que ha colocado a Florentino Pérez en una delicada situación. Nunca un presidente tan fascinado por el poder ha concedido tantas atribuciones a un entrenador. Es evidente que la resignación de Florentino Pérez en favor de su entrenador está motivada por las urgencias del Madrid y por la impaciencia del presidente. Contrató a Mourinho porque su historial es lo más parecido a la garantía de éxito.

Con el técnico portugués se produce un fenómeno infrecuente en el fútbol y absolutamente novedoso en el Madrid. Asume su poder de tal forma que ha invertido la relación con el club: el empleado de Mourinho es el Real Madrid, con todo lo que eso supone de subordinación a sus intereses, que él difunde como si fueran los esenciales de una institución que no nació ayer. El Madrid ha sido alguien antes de Mourinho y lo será después, aunque el entrenador no lo tenga muy claro todavía.
No son novedosos ciertos rasgos de la personalidad de Mourinho. Abundan los entrenadores, no todos célebres, que se proclaman guardianes de sus equipos, a los que supuestamente protegen de todo tipo de indignidades, insufrible carga que ellos asumen con el sacrificio de los mártires. A la hora de la verdad pocos entrenadores han dejado más expuestos públicamente a sus futbolistas que Mourinho. Basta recordar los casos de Pedro León y Canales, dos jóvenes jugadores criticados hasta el sarcasmo por su técnico.

Este mecanismo simplón –os defiendo con mi sangre para preservaros del enemigo exterior- pretende dos objetivos: reforzar un gigantesco ego y establecer una deuda moral, cercana a la extorsión, que los futbolistas deberán saldar tarde o temprano, a veces cuando hayan terminado su carrera y el entrenador les exija el pago por su sacrificio. Cualquier disidencia, duda o negativa a participar en el juego se considera una traición. La manipulación es notoria, pero suele funcionar porque el fútbol es muy permeable a estas subordinaciones infantiles y dañinas. Lo son porque el carácter de esta clase de entrenadores invita irremediablemente al ruido, la división y el enfrentamiento. La selección y algunos clubes españoles conocen muy bien este penoso proceso, que suele dejar tierra quemada.
Divisoria fue la conferencia de prensa de Mourinho tras la sufrida victoria ante el Sevilla. Entre otras cosas, dijo estar harto de ser el único defensor del Madrid, exageración que no se corresponde con el rastro de charcos que ha pisado desde su llegada a España. Apenas ha habido una semana en la que el técnico portugués no haya protagonizado algún incidente, la mayoría de ellos innecesarios. A estas alturas ha tenido problemas con un buen número de colegas, con los árbitros y con la UEFA. En la mayoría de los casos, ha pretendido mezclar sus provocadoras travesuras con la idea de un quijote sincero, romántico, víctima de amaños y conspiraciones que le dejan indefenso.
Las declaraciones de Mourinho se distinguieron por su incoherencia. Pidió una reunión con el presidente después de afirmar que hablaba con él todas las semanas. Habló de los méritos del equipo –“un equipo de otro mundo”- y luego dijo que preferiría ver un partido de la Liga vietnamita antes que el horrible encuentro que acababa de presenciar. Sin que nadie le preguntara nada al respecto, aparcó su papel de entrenador para justificar las peticiones económicas de Pepe, cuyo agente es el mismo que le representa a él. Esgrimió un papel con 13 quejas sobre el árbitro, pero evitó cualquier referencia crítica a la actuación de Silvino Louro, uno de sus colaboradores más cercanos, en el desagradable incidente que acabó con el derribo de Agustín Herrerín, delegado de campo del Real Madrid.
Fue una comparecencia intempestiva y desafiante. Mourinho decidió medir su grado de poder en el club y avanzar en la consentida línea que ha mantenido hasta ahora. La diferencia con episodios anteriores –salvo el caso de la selección portuguesa- es que lo hizo en público, con el punto de provocación y victimismo que tanto le motiva y sin ningún interés por la discreción.
Aprovechó un asunto menor –la incompetencia del árbitro, problema que no va a resolver ni el Madrid ni nadie- para escenificar un conflicto con el club, que hasta ahora ha dedicado la mayor parte de sus energías a socorrerle en la mayoría de los incendios que ha provocado. Éste resulta más grave que los anteriores porque cuestiona la actuación de los dirigentes, les exige que se acomoden a su estrategia y convierte a Florentino Pérez en árbitro de un asunto muy feo. Uno de esos asuntos, en definitiva, que definen la trayectoria y la personalidad de Mourinho.

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